sábado, 24 de abril de 2010

"AMENAZA AL PERIODISMO"



¿Será este el fin del Periodista?...la Universidad de Tokio ha creado un “robot”, que a criterio propio, no debería ser llamado “robot periodista”…ya sabrás por qué.

Los inventores del “robot” explicaron que el proceso consiste en detectar, contrastar en internet y publicar la noticia en la red; también sacar fotografías y declaraciones. Lo cual se convierte en una iniciativa para “automatizar” la función de un periodista, y es precisamente esta palabra (automatizar) la que obstruye todo intento de llamar periodista a este simple robot.

No hay duda en que esta máquina pueda programar, excelentemente, la información en la red y de este modo ser masificada a mayor cantidad de personas, pero esto no basta para que cumpla la función de un periodista. ¿Por qué?...porque UN PERIODISTA necesita: sentido común, talento para escribir, criterio propio y, sobre todo, capacidad de análisis. No olvidemos que el género periodístico informativo no basta, es muy ocioso y hasta aburrido; quien desea estar realmente INFORMADO busca saber la opinión de un buen periodista, por lo tanto el género INTERPRETATIVO y DE OPINIÓN complementan a la noticia, y estos solo pueden ser desarrollados por un buen periodista.

Pero no quitemos mérito al invento que se realizó, digamos que puede servirnos al momento de publicar la noticia y masificarla. Pero debe quedar claro para todo periodista, comunicador, estudiante de comunicaciones y público que el CEREBRO RACIONAL jamás podrá ser reemplazado, menos el de un buen periodista.

Càrteles y Periodistas: UNA CENURA MORTAL


Las “narcomafias”, en México, han cobrado importancia desde los años 90´ y actualmente son conocidas como los “cárteles mexicanos”; cada cártel es una asociación que produce y trafica: marihuana, cocaína y heroína a Estados Unidos.
Como se sabe, una asociación de mafia no es legal y por esta razón los periodistas se han convertido en una amenaza letal contra ellas.

Actualmente, en México, existen 7 cárteles (Sinaloa, Beltran Leyva, Los Zetas, Golfo, Juarez, Tijuana, Milenio) que han originado una inmensa ola de violencia entre los medios de comunicación y las narcomafias, acompañada de crímenes inexplicables para el Poder Judicial.

Todo este movimiento de “narcomafia mexicana” ha limitado el desarrollo del PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN, ya que al publicarse noticias sobre los negocios turbios que realizan, inmediatamente los cárteles hacen “justicia sangrienta”; tal es el caso de que hasta ahora 9 periodistas han perdido la vida. Queda claro que la mafia quiere silencio y si los periodistas intervienen, entonces entran a un juego en el que la mafia buscará atentar y destruir su credibilidad; si esto no basta, entonces destruirán su vida.

Es preciso, entonces, preguntarnos: ¿Hasta cuándo, el periodista, escribirá en secreto y vivirá con protección policial?, ¿Cuántas vidas más necesitan aniquilar? … quizá no sea cuestión de número, sino de nombre. Sin embargo, es reconocible es trabajo que han realizado muchos periodistas al intentar desenmascarar a los narcotraficantes; pero debemos saber que el trabajo periodístico, en este caso, se complementa con el trabajo policial. ¿Por qué es que hasta el momento no se ha organizado un frente común para atrapar a los integrantes de cada cártel? quizá haya una fuerte conexión entre el Estado y los cárteles, que no los permiten ser intervenidos ni investigados.

lunes, 19 de abril de 2010

"Cuestión de Cultura"


Día a día las “noticias extranjeras” captan realmente nuestra atención, y es que la cultura que ellos poseen hace que, ante determinadas situaciones, actúen de una manera que para nosotros resultaría increíble y hasta imposible hacerlo.

Un hecho muy comentado en los últimos días fue “la osadía” que tuvo un menor de 8 años, en Estados Unidos, al tomar las llaves del carro familiar sin consentimiento alguno, y enrumbarse a un grifo. El niño no logró su propósito y solo terminó por chocar contra un poste. Sin duda, sus padres, quedaron atónitos al enterarse de la “bendita travesurilla” de su engreído. Pero tal acontecimiento solo quedará como una simple y graciosa anécdota familiar, ya que la policía no levantará cargos por ser la primera infracción que cometió Jordancito.

Ésta simple “anécdota” puede explicarnos cuánta diferencia existe entre un país desarrollado, y nosotros. Su cultura, sociedad y forma de pensar difieren mucho de las nuestras, inclusive su legislación. Pero esto no quiere decir que la decisión que tomó la policía fue totalmente acertada y que cualquier país debería imitarlos, sobre todo nosotros, los sub-desarrollados.

Si esta noticia hubiese ocurrido en el Perú, la prensa, habría ocupado páginas enteras en el análisis del caso. Quizá las preguntas más puntuales hubiesen sido: ¿Cuánta autoridad representan los padres en esa familia?, ¿Estaba el niño consciente de lo que hacía o habría ingerido algo?, ¿Sufría de algún tipo de abuso para que quiera escapar?, ¿Cómo es posible que los padres no notasen que su hijo tenía las llaves de carro?, ¿Cuán buena es la comunicación en esa familia?...entre estas y otras preguntas, los medios peruanos, tratarían de llegar al fondo del asunto; y no dejarían de tener razón ya que muchas de éstas preguntas merecen una explicación.
Pero ya sabemos, éste hecho, solo fue mención de segundos en los canales estadounidenses. A pesar de que nos parezca que la policía tomó una decisión muy parcial, es su forma de vivir, actuar y pensar; contra ello nada podemos hacer; así que las respuestas al párrafo anterior quedan en la privacidad de la familia. Los padres del menor no serán exigidos a pagar ningún daño, simplemente tienen la “obligación moral” de hacerlo porque así lo plantea su cultura. De este modo nos podemos dar cuenta que la ley está hecha para quienes suelen faltarla más no para los que poseen “obligación moral”.

Estados Unidos no es otro mundo, tampoco lo somos nosotros. Ambos países tenemos costumbres distintas, es por ello que nosotros prestamos atención a cosas “sin importancia” para ellos, y viceversa. Sin embargo, no debemos preocuparnos por imitarlos ni tampoco ignorarlos; solo debemos tratar de ser mejores y aprender de lo bueno y malo que tenga cualquier cultura extranjera.