Al llegar arriba el viento corría acariciando mi rostro, en voz baja me daba la bienvenida y me presentaba a su imponente orgullo: YANAS, me acompañaba e iba mostrándome la alegría de su gente, la inocencia de sus niños y el misterio de sus historia. Luego de caminar por “wishkay”, “llama ragra”, “hatun-jirca” llegue hasta la plaza de armas, me senté sobre una piedra y saqué el porongo de chicha de jora que me regalaron en el camino; a diez pasos míos una pequeña niña gritaba “pan wita tanta tayta…pan wita tanta”, asumí que vendía algo pero no entendía que era; entonces me acerqué, rápida y temerosamente puso en mis manos un pedazo de pan en forma de muñeca; volví a la piedra en la que estaba sentada y probé el pan… era un manjar caliente, suave y dulce. Lástima que no estuviste allí…
La plaza empezaba a llenarse de pobladores, algunos llevaban cestos de comida y las ofrecían de una manera muy particular… panes, galletas, chochos, sopa cashqui, y más “pan wita tanta”. Al momento supe que estaban de aniversario, cumplían 16 años de sentirse yanasinos en alma y corazón; era un viernes, 4 de octubre y empezaban las fiestas patronales en YANAS… te hubiese encantado tanto estar allí, conmigo…
Debes saber un poco de éste pequeñísimo distrito; Yanas pertenece a la provincia de “La Unión” (Huánuco). Este insignificante -para algunos- distrito no albergaba más de treinta a cuarenta turistas al año; ya que no contaba con alumbrado eléctrico, era demasiado rústico y además, era poco difundido. Solo aquellos aventureros en busca de un lugar realmente diferente, se atrevían a caminar hasta Yanas. Motivados por el misterio y el olor a tierra fresca subían por dos horas un camino empinado, así como lo hice yo y, quizá, algún día te llegue ese privilegio…
La pequeña niña que me ofreció el pan dulce, ¿la recuerdas?... alistaba sus cosas para irse, había vendido todo el “pan wita tanta” e iba de regreso a su casa… la seguí, porque todos habían pagado, menos yo por estar distraída observando a cada poblador…
Yo seguía sus pasos y le dije - “cuánto te debo…”, ella volteó y dijo, con lágrimas en los ojos – “nos hagas daño, te conozco… vete”; quedé desconcertada y no entendía por qué hablaba con tanto odio. Ella continuó su camino hasta llegar a la puerta de su casa, tocó desesperadamente… yo la observada tras una pared, te confieso que me moría de miedo, pero así la seguí… ahora ya no sé si te hubiese gustado estar conmigo, allí…
Me atreví a tocar su puerta… luego de un rato salió su mamá, me miró y también lloró; quedé aún más confundida. Sin embargo me invitó a pasar; temerosamente entré… y dijo- “primero te pido disculpas por mi hija, pero ahorita te cuento…”; me invitó una sopa cashqui caliente y se sentó conmigo en la mesa. Empezó por decir -“mi esposo murió hace un año, fue atacado por el diablo… él estaba yendo a pastear los carneros con mi hija. Mientras ellos subían el monte, una mujer extraña, vestida como usted se les acercó y pidió ayuda… esta mujer dijo que necesitaba llegar a puca pajca, un riachuelo de color rojo que hay por el monte, le ofreció cien soles si éste le acompañaba. Mi esposo aceptó, no sé si se dejó llevar por la belleza de la mujer o si realmente quiso ayudarla” (con lágrimas en los ojos, siguió con su relato) “…mi hija me contó que su papá la mandó para la casa porque él acompañaría a la mujer. Mi hija obedeció y vino para aquí; llegó muy enferma y casi no podía hablar. Yo supuse que mi esposo se había quedado con mis compadres. A la mañana siguiente tocaron mi puerta, era mi vecina que me decía que habían encontrado a mi esposo atado a un arbusto al pie de puca pajca. No creía, entonces fui… vi a mi esposo con varios rasguños en su cara, sin polo ni pantalón… lloré y lloré. Pasado el velorio y entierro, mi hija pudo hablar. Mi familia empezó a comentar, entonces mi tía Eugenia dijo que el diablo se había hecho pasar por mujer y era quien se había llevado el alma de mi esposo… desde ese día, cada que mi hija ve a una mujer extraña, piensa que es el diablo”…
La señora me dejó sin palabras… y continuó diciendo que muchas veces ha pasado lo mismo, el diablo se presenta como un amigo y te pide que lo acompañes a algún lugar, y uno confiado (porque es el cuerpo y rostro de tu amigo o familiar) va con él y al día siguiente aparece muerto…
Así entendí por qué la niña dijo que ya me conocía y que me vaya... di la vuelta y ella me observaba desde su cuarto, temerosa escondió la cabeza cuando la miré. Al rato terminé la sopa cashqui y le dije a doña Zulema que ya debía marcharme; me pidió que vaya con cuidado.
Salí de la casa, aun asombrada porque nunca nadie me había confundido con el diablo, pero entendí que la tristeza y recuerdos embargaban el corazón de la niña, que al verme debió asustarse mucho… felizmente no estuviste allí. Quizá la niña hubiese pensado que el diablo se había multiplicado, habríamos logrado que se asuste más…
Pero el ambiente de algarabía continuaba y, es que, no era un día cualquiera. Era la festividad, también, de “tayta lanchy” (el santo del pueblo) a quién no dudé en prenderle una vela para que me proteja; entiéndeme, estaba muy asustada. Sin embargo, permanecí por 4 días más… me pasaron muchas otras cosas, igual o más intensas que ésta; pero ya es hora de entrar a clase… ten cuidado, el diablo puede sentarse hoy junto a ti…
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martes, 10 de agosto de 2010
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2 comentarios:
bien !! thaly me gusto!
que miedo !! sera que el diablo anda jusnto a mi?
muchos besos
Con este cuento ganas el premio floral (Y)
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